La salud intestinal se ha convertido en una de las palabras de moda favoritas en redes sociales.
Desde beber agua de semillas de chía a primera hora de la mañana hasta añadir gel de musgo marino a los batidos y tomar caldo de huesos para “sanar” el intestino: son productos a los que se les atribuyen beneficios que van desde un mejor estado de ánimo hasta más energía.
Pero detrás de los alimentos virales la realidad es más compleja, afirman los científicos, especialmente porque se trata de un campo en desarrollo con nueva evidencia que surge casi a diario.
Si bien el microbioma intestinal desempeña un papel crucial en nuestro bienestar, la evidencia para muchas de estas soluciones es escasa y, para la mayoría de las personas sanas, obsesionarse con la “sanación” intestinal puede ser innecesario.
¿Qué es el microbioma intestinal?
La presentadora científica de la BBC Caroline Steel describe el intestino como todo el tracto digestivo, desde la boca hasta el ano.
En su interior reside el microbioma intestinal: billones de bacterias, virus y hongos que desempeñan un papel crucial en el funcionamiento del cuerpo e “impactan en la salud mental y física”.
Steel afirma que “nuestro microbioma intestinal es más único que nuestra huella dactilar” y que un microbioma saludable está vinculado a una mejor extracción de energía de los alimentos, la regulación del azúcar en sangre y la defensa inmunitaria.
Las investigaciones también sugieren vínculos entre la salud intestinal y el bienestar mental, incluyendo menos ansiedad y un mejor estado de ánimo.
¿Cumplen las expectativas los alimentos virales?
El microbiólogo Alan Walker y la doctora Megan Rossi, científica especializada en salud intestinal, afirman que muchos alimentos de moda contienen “una pequeña porción de verdad”, pero a menudo se venden como productos milagrosos.
Caldo de huesos: el caldo de huesos se elabora cociendo a fuego lento en agua huesos de animales con un ingrediente ácido (como vinagre) y hierbas o verduras durante al menos 24 horas con el fin de extraer proteínas y minerales. Es rico en nutrientes y puede ser un alimento reconfortante, pero Walker explica que la mayoría de sus nutrientes se absorben en el intestino delgado, mientras que la mayoría de los microbios intestinales viven en el intestino grueso. Esto significa que poca cantidad llega a los propios microbios. “No hay pruebas sólidas de que tenga efectos beneficiosos sistemáticos sobre el microbioma intestinal”, añade. Rossi coincide y añade que ha observado “el efecto negativo que puede tener en los niveles de colesterol si no se elimina la grasa saturada de la superficie”.
Agua de semillas de chía: las semillas de chía son ricas en fibra, “que puede alimentar a las bacterias intestinales beneficiosas y ayudar a la regularidad intestinal”, según Rossi. Walker explica que ninguna fuente de fibra es suficiente por sí sola, ya que diferentes microbios se alimentan de diferentes fibras, por lo que la diversidad es más importante que un solo ingrediente. “Beber agua de semillas de chía no tiene ningún riesgo”, dice, pero tiene pocos beneficios por sí sola.
Tragos de aceite de oliva: el aceite de oliva es ampliamente reconocido por sus beneficios antiinflamatorios, es cardiosaludable y puede ayudar a aliviar el estreñimiento, explica Walker. Sin embargo, hay poca evidencia de que tomarlo en un “trago” concentrado mejore específicamente el microbioma. “No hay una diferencia significativa entre beberlo solo o añadirlo a la comida”, dice Walker.
